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Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) propuestos por el Grupo de Trabajo Abierto de la Asamblea General de las Naciones Unidas reconocen la importancia del medio natural y sus recursos para el bienestar del ser humano.

En su conjunto, constituyen una excelente compilación para el siglo XXI, puesto que buscan soluciones a los diversos problemas a los que nos enfrentamos como comunidad mundial. El ODS 7 (“garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos”) es un problema que afecta a todos los países y que nos alcanza a todos. Para entender por qué es necesario alcanzar este objetivo, y lo que hace falta para conseguirlo, vamos a analizar punto por punto la frase con la que se ha formulado. Las cuatro dimensiones del Objetivo 7 son la asequibilidad, la fiabilidad, la sostenibilidad y la modernidad. Estas dimensiones distintas no son excluyentes, sino que están superpuestas e incluso, en algunos casos, una dimensión conlleva otra.

La electricidad, el transporte automatizado y la tecnología de la información son esenciales para el desarrollo económico y son también elementos básicos de la sociedad moderna, por lo que las fuentes y los sistemas energéticos que satisfacen estas necesidades de forma fiable y asequible pueden considerarse “modernos”.

La energía debería generarse con un caudal constante para satisfacer las necesidades humanas, mantener y mejorar el funcionamiento de la sociedad y hacer progresar las condiciones de vida. También debería desempeñar esas funciones de la forma más sostenible posible, es decir, la cantidad de energía generada debería ser mucho mayor que los desechos y la contaminación resultantes.

Toda la energía sostenible debe ser moderna, aunque no todas las formas de energía moderna son sostenibles. El carbón quizá sea el caso concreto más importante. Históricamente, el carbón ha sido indispensable para la industrialización y el progreso del bienestar humano. Si en la actualidad hay más gente que disfruta de condiciones de vida que antes eran inimaginables, se debe en gran medida al carbón. Sin embargo, sus muchas ventajas (por ejemplo, la abundancia, la amplia distribución y la facilidad de uso) se ven contrarrestadas por una larga lista de problemas graves, que aún sigue creciendo en esta época de crecimiento demográfico y deterioro medioambiental.

El acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos es una parte fundamental del desarrollo mundial en el siglo XXI.